El sistema productivo simplificado o de monocultivo, además de tener un impacto negativo en el medio ambiente, también pone en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria de miles de millones de personas a nivel mundial.
En Nicaragua dicho sistema no ha tenido efectos menos catastróficos. De acuerdo a datos de las Naciones Unidas, en 2006 el 30% de los niños nicaragüenses menores de cinco años padecían algún nivel de desnutrición. En lo relacionado al medioambiente, basta con un recorrido por el occidente y otras regiones de Nicaragua, donde es obvia la degradación de los suelos y por ende de la calidad de vida de las personas.
Sin embargo, en los últimos años ha surgido la necesidad de un cambio radical de modelo productivo, enfocado en el uso debido de los recursos naturales y en la diversificación de cultivos.
El Sistema Integral de Producción Campesina se basa en las enseñas productivas de antaño, cuando la tecnificación, los agroquímicos y el consumismo eran prácticamente desconocidos por el campesinado.
Para los pequeños productores nicaragüenses, este sistema ha traído grandes ventajas en comparación con el modelo simplificado, ya que permite la reducción de costos productivos, el rescate de las capacidades de producir los propios alimentos y sobretodo garantizar la manutención de toda la familia a través de una dieta balanceada.
Y es que Nicaragua brinda todas las oportunidades para el desarrollo de este sistema productivo.
Según datos dados conocer por la vice titular del Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR), Amanda Lorío, en el programa En Vivo de Canal 4, el campesinado nicaragüense cultiva anualmente 1 millón 239 mil 602 manzanas en 66 mil 413 fincas, cuyas extensiones promedio son de 6.3 manzanas por familia.
Además son los responsables del 65% de la producción alimentaria directa, del 69% de los granos básicos y del 64% de la producción ganadera vacuna, lo que ha permitido a su vez controlar el 56% de las exportaciones agropecuarias nacionales.
El gobierno nicaragüense consciente de la necesidad de impulsar una dinámica productiva mucho más eficaz a la heredada de los gobierno neoliberales, desde hace tres años ha estado trabajando junto a los productores en el cambio de modelo.
“Nuestro gobierno lo ha hecho. Ya tiene tres años de estar demostrando que quiere hacer el cambio. Ese famoso programa Hambre Cero, del Programa Productivo Alimentario, tiene elementos del Sistema Integrado de Producción Campesina”, afirmó la vice titular del Magfor.
Según Lorío estos programas están permitiendo la trasformación local de la producción, a través de la creación de valor agregado a los bienes que se producen.
“Lo que busca el Sistema Integrado de Producción Campesina es la transformación local de los productos a como antes se hacía”, explicó.








